Gracias a Dios. YO FUI TARTAMUDO Ángel Morcillo Torrecillas

Biografía del Autor

A.M.T. (Ángel Morcillo Torrecillas), nació en Albanchez, Almería (España), el 11 de Febrero de 1951.
A los 9 meses de edad llegó a la República Argentina, junto a toda su familia.
Realizó sus estudios primarios en la Escuela Nº 7 de Tandil. Luego ingresó a la E.N.E.T. Nº 1 para egresar en 1970 con el título de Técnico en Automotores.
Estudió en la UNICEN dos años de Ingeniería, carrera que abandonó.
Vivió desde 1973 a 1977 en San Miguel de Tucumán donde estudió Ciencias Económicas pero también abandonó.
Actualmente, y desde hace 22 años se desempeña como Docente en el área de Mecánica en la E.E.T. Nº 1 y de Educación Plástica en E.E.M. Nº 6 (Gardey), ambas del Partido de Tandil.
Fundó un Grupo de Autoayuda para La Tartamudez y Timidez con resultados muy alentadores.

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Reflexionando sobre la energía y los terremotos.

1 Nov de 2017

Hay un hecho incuestionable y es que el Sol es la fuente de energía que mantiene la vida en la Tierra. Sin Sol no habría vida.

Esa energía, la del Sol, se nos presenta de muy distintas maneras: están los procesos energéticos evolutivos de millones de años, como son los animales y plantas, y están los procesos energéticos que duran tiempos cortos de meses y días, como son los huracanes y terremotos.

Vamos a reflexionar de cómo se originó el último terremoto de México.

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LAS RAMBLAS

Escribo desde la estupefacción, el sobrecogimiento y toda la rabia que nos produjo tanto lo vivido el pasado jueves, día diecisiete, como por caer ahora en la evidencia de que aún no nos hemos dotado de medidas preventivas o disuasorias que nos pudieran proteger en el futuro, viviendo tan  enfilada como vivimos, en los desprotegidos y accesibles campos de batalla de nuestras ciudades, en donde el moderno terror yijadista nos tiene amedrentados, asustados, mientras que políticos y medios televisivos parlotean y parlotean sobre los viejos tópicos, tan enervantes como usados, los de no tenemos miedo, lo de recuperar la normalidad o aquél otro de que la ciudad está dispuesta a seguir viviendo. Qué remedio queda. La hueca palabrería de siempre y del mínimo esfuerzo, la de las frases hechas y del hablar por no callar. Los tics verbales de Pero Grullo. Continuar leyendo “LAS RAMBLAS”

LA JUBILACIÓN MÉDICA Luis Manuel Aranda González

Tiene los mimbres de la propia vida. Hecha de vivencias agridulces, posiblemente tan diferentes entre sí, que de su buena o mala condimentación previa, puede resultar desde un liberador estofado a la pérdida del cielo en la propia tierra.

Los médicos también podemos acabar de la misma manera, tras completar bien una vida llena de auténtico significado, tratando y resolviendo los problemas de gentes más o menos necesitadas, o por el contrario, liberados, decía, si se ha tenido la desgracia de ejercer en un pequeño horno existencial, de esos que llegan a quemar, ya por presión asistencial, por falta de tiempo o medios, por los riesgos inherentes a la especialidad, neurocirugía. por ej., o incluso por algo más elemental, por haber tenido que llevar colgado de la chepa, todos los días, al incompetente y digitocrático compañero político de turno, más proclive al estudio del coste-productividad-efectividad y a mirar por encima del hombro a los camaradas, que a estar tras las crudas tragedias humanas o el estrés quirúrgico de los demás, los auténticos sufridores de la Cosa. Algo que hicieron, sin duda, y salvo honrosísimas excepciones, por no tener talla, implicación o empatía capaces de conmoverse de continuo con los pequeños o grandes problemas de sus pacientes…los usuarios, como despectivamente les gusta llamar últimamente, mientras la mayoría de sus compañeros prefirieron desde siempre quedarse al pie del cañón y pensando, divertida y desdeñosamente al verlos, en el viejo y certero refrán…”herradura que chacolotea, clavo le falta”.

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